Gloria y Pedro

Cuando llega el día de la boda, es un día con las emociones a flor de piel, los sentimientos e ilusiones se entremezclan con los nervios, las prisas, y con las carreras de un lado a otro para que todo salga como estaba planificado previamente.

Esa excitación no es exclusiva solo de los enamorados, quienes delante de toda su gente querida se prometen amor eterno, sino que también la sentimos todos los que de una manera u otra estamos implicados para que esas horas sean memorables.

Ocurre que con tanta prisa y por querer estar más tiempo con los invitados a veces es complicado captar esas miradas de complicidad de la pareja y por eso es muy bueno quedar unos días después con ellos, recordar entre risas lo bien que lo pasamos el día de la boda y de paso hacerles una sesión.

Ese momento es especial. Es solo nuestro, no existe nadie más, solo estamos la pareja, mi cámara y yo. Creedme que surge la magia, ya no hace falta hablar, ni decir como deben ponerse, todo fluye de manera sencilla y cuando pase el tiempo y vuelvan a ver estas imágenes, recordaran ese día con una sonrisa y con las mismas emociones que en el momento del Sí Quiero.

Gloria y Pedro, espero que os gusten, gracias por confiar en mí y espero poder acompañaros en toda vuestra vida en común.

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